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jueves, 11 de marzo de 2010

so lo sa lió una na ran ja

El encanto de la floreada
se danza se bruma
bajo la luna sobre la luna,
sobre la piel del agua.

El animal oscuro

sacude el bosque entero hasta su ojo derecho
cuando el alma vírgen lo palpita
destellando de reducida suavidad juvenil
manando de la uña de su trigésimo cieloAlineación a la izquierdaque refleja ahora en los párpados
como si fuera nuevo
resbalandosele
de a una
sola
pestaña.

Diente por seno,
viene el salvaje.

Penetrando el aurea lumínica
con sus garras sucias de ingenuocredulidad cualquiera;
Surca el árbol como si viviera más de cien años,
y en un genuino soplo desprevenido del alba...

No más cuerpo
al par de ojos atonitos
que yacen poco claros
a la piel entre los dientes.

La mujer asiática;




La mala costumbre del brillo perpetuo.

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