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miércoles, 10 de marzo de 2010

919

Ante un pastizal divino,
un eclipse repentino.
A tu efímero caminar,
Inexistencia.
Y entre los sollozos de tu entorno,
tu imagen prevaleciente
Y en el despertar de cada uno,
Ausencia.
Se arrastra un cuerpo pusilánime
al pié de tu reminiscencia,
Y una voz quebrada al teléfono,
se ahoga en súplicas porque tu cuerpo
que yace, inanimado
sea falacia, sea calumnia.
Y se recuerdan tus voces en ecos,
al despertar,
al dormir.
Y el calor emanado,
todavía presente,
se desmaterializa en acíbar
dentro de mí.

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