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lunes, 24 de mayo de 2010

Te amo te odio

Si no fuera que tan así sin poder dejar de expulsar la lengua por el guiño del ojo. Que el suspiro de la mosca que me bosteza el ombligo. De Párpado derramado a la Pérdida de lo consciente, muévase por las paredes como persecución sombría, como acecho, como por poquísimo respeto al día, a las películas acuáticas rasqueteando la pintura al mismísimo sol pero no el de verdad. Supóngase el carcelario. Y su propia rigidez por entre la rendija del piso que solloza que se aburre que se rechina y se vuelve a morir. Se le resbala una incomodidad turbia por atrás del cerebro a la médula y se esparce con este gusto a la puta que te parió por cualquier alrededor de su cuerpo no-cuerpo visible (o no), emanando como una niebla sucia así bien pútrida de retina a talón, como por si poco no fuera ya que se le vean los gusanos asomando por los huecos del cráneo carcomiendo poco a poco entre par de lluvias personales, lo blando y lo (aún más) pútrido del hueso, el borde mohoso de los dedos, y se recuesta al vacío. No lo diría creo pero se apuesta sin duda alguna (pura, bien pura) que del árbol a la madre se los entierra bajo fusilamiento masivo de cartas palabreadas así como enfermizas, como de un cuerpo desnudo en especie de esquizofrenia (y felicidad, meramente) que grita, que grita, que grita ¿Dije grita?
Y somos uno por uno hierba de jardín, suciedad en la lente, gotitas de café desperdiciadas en el cuello de la camisa arrugada ah ah ah esto todo esto, ¿para qué? ¿ y sobre qué? ¿Y entonces qué? y entonces nos sentamos a sentarnos. A mirar. A pudrirnos. A mirar cómo nos pudrimos y un gusano nos come. A todos. Pero uno por uno, personalmente me rompo en cuestión de total desinterés la cabeza contra la mesa, y reposo mientras una mosca y sus patitas como leves agujas por las venas me caminan la retina y se llenan de la saliva-moco del ojo. Y qué me importa. Se me abre la mandíbula vegetativa y me desbordo chorreante en sobrepaso de cafeína en los pulmones. A todos. Se nos venció medio cerebro y se nos caen (de a uno) los sesos. Repugnante. Repugnamos. Que el olor a casi muerte, que nos pudrimos y que nos miran que la lengua por el ojo y sale una mosca del ombligo, y nos deslizamos turbiamente por la pared rajando la pintura (o más bien la piel) hasta la rendija en el piso, envueltos en esta niebla sucia que persiguen los gusanos como nosotros, cuerpos desnudos, nos arrodillamos al piso pensando que todo el sol se ha caído por esa puta rendija, sí, porque ¡siempre quisimos el talón justo justo en ese sol! ¡Sí! Ah pero cuerpos, error de los cuerpos, que siempre los cuerpos, cuerpos, púdranse al sol, queridos, que nunca fue el de verdad ¡FE LI CI DAD! Que la mesa ha roto (una por una). Sus cabezas malolientes y mohosas. Desagradable. Auténtico Asco. Que el cuerpo se derrama con olor a muerte por el sol entre los huecos de su cráneo.

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