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sábado, 1 de mayo de 2010

tómalo con calma.

Hay cosas que respiran pausadamente al borde interno de la piel, como atrapadas entre mi estómago, y el antebrazo, como durmiendo de manera algo mojada y frágil desprendiendo a cada exhalo un indicio de bienestar inconsciente; (Cuando despierte sé del golpeteo exigente que provocaran las acostumbradas ansias de envolverse en lo externo de lo que se posee cálido. Como la rebelión temprana de algún pájaro individualista. Pura especulación ). Mientras, tranquilamente las observo con media esencia perdida ya tanto que me encarno casi al zumbido en los oídos del estar casi perdido del todo, pero no. Dice que ve, peces de un rojo sanguinario donde en cada escama les brilla una luna, y se saltan hasta las garras sobre las ramas, y arañan hasta trepar por las venas de los árboles y nadarles la savia al barro. Las venas de los árboles. Las miro porque somos algo así del tipo seres que al perder la observación, se pierden los más grandes goces de este “a pesar de estar tan tristes” como viaje de ida con un lindo pañuelito que deberíamos correr hasta la sien para que al menos las gotas de limón que escupen las pupilas a diario sin aviso de estar existiendo tengan un poco de sabor en la tierra después de cada pómulo al piso. O no. Miro como duermen porque a cada exhalo, otra escama de luna, otro pez árbol, otra vena de barro, otra savia a lo cálido; Todo esto que trae la noche porque no cae más bien responde, no viene más bien reaparece encarnada al párpado como si ya no durmiera respirando pausadamente al borde de alguna pestaña, o más bien por sobre. Podría perder la vista ahora sin dejar de ser mojada y frágil, la susceptibilidad aniquilaría la idea del casi dormir zumbeando como luna sanguinaria a lo cálido de la esencia que nos envuelve de a ratos, porque de a otros, hasta el frío externo se hace más soportable que la visión interna de todas estas cosas que carcomen suavemente con diente propio y hasta se pasean por sus encías, de la manera más sutilmente nostálgica el desvelo deslizándose como pintura de cielo que se desparrama tal cual agua por los al rededores neuronales.( Todas ellas que). A cada huella como si la especulación de algún pájaro individualista envuelto en golpeteos constantes, queriendo desenvolverse nuevamente de lo temprano de la mañana que suele acostumbrarnos a esto del “a pesar de estar tan tristes”, se desvaneciera como cualquier bienestar del borde interno de la piel que respira cada gota del exhalo. O sean solo puras exigencias de la supuesta rebelión de máscaras quizás. O no. Sin embargo, todas ellas que. Me mecen en el vapor delicadamente, como complemento musicando el espacio -vacío- corpóreo;
Hasta enredarme el sueño
en sus espaldas desnudas y mojadas.

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