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viernes, 8 de abril de 2011

Giro hondo.

La muerte que se muera sola.
Qué se es sino una recopilación de muertes
que deambulan.

Podríamos ser los modernos poslocornios transitando la marea
O podríamos reiterarnos espejivamente en un temblor semejante
Reiteraciones pro pseudo cósmicas lanzadas al azar en pleno esparbajo clardominido
Escapándole a los casi nada ser, casi nada yo qué sé, Yo sí y a los
Podríamos qué.
Ser sino una recopilación de carnilades anípedos
transformándose a cada golpe rotundo del cuerpo sacudido
como un polvo de sed en plural emergiendo desde el fondo reproducido
en los vocablos que arañan por ímpetu sanguíneo el silencio entero de allá el abismo
Enfermo del todo casi
- Que casi casi dónde y entonces
Nos redimimos Siempre al extoplate desvanecido entre las lenguas del puro Sexo;
del pleno canto húmedo en el Seno de las tramóneas posibilidades
Que buscamos el todo nada revolviendo la córnea podríamos
poner la órbita agolpada en el escurnio dado vuelta.

Atinar a reconstruir en la vocal propia el arcamanzo esclarecido
Y tragarnos así la tierra boca por brazo con toda su hidrosoteria
su entrepierna de abanico
sus geográficos reflujos enterrados
en una pecera de labios

En el azúl dérmico superpuesto
Al volcán primero erupcionando entrecortado

Una extrapolifusión de pólen ambilírico suturado y
En el respiro próximo el universo exhausto

recaído antiplíscimo sobre sus rodillas de costado
Se desarma al filo del hilo La hija El pájaro
-Sed es arma la corteza plana en la marea baja

En la saliva mansa

En la reamoramarga

En la mísma cara manca del cada día acaba
Del todo siempre solo y sea

Que la muerte se muera sola.

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