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martes, 1 de junio de 2010

(s): reflexión a un no-espejo

Era entonces que una pluma desprendiéndose tenues luces del vestigio. De una voz. De alguien. Que duerme. Más si esta niebla azulara en respiro completo diciendo desde la punta de una lata el resplandor de sus zapatos. Un agujero como escondido en el pequeñísimo invierno sobre la suela. Cómase con la garganta directamente que imposible el pasar ni por el borde del diente tal cosquilleo de pelitos blancos asomando con ojos de miedo por si alguien gritara que por allá arriba pasa el pájaro como una linterna. A que busca por seguro un agujero negro en el que desaparecen las cosas, hasta aquellas más mínimas, las procesa en melodías para acunar cualquier capullo que pudiera estar existiendo en este preciso momento. Cierre un ratito el mundo y escuche. Pero escuche bien. El borde de un alita rompiendo la seda de manera tan frágil, tan mañana anaranjada; Y ahora la patita posada lentamente al rayo verde que siente que lo tocan. (Escuchá como siente que lo tocan). Y ahora como pluma desprendiéndose tenues luces de un vestigio, se esfumó. Listo. Ya se fue. Nada peor que el individualismo o la urbanidad de la vigilia, siquiera la orugalidad de la verdadera oruga muerde tan así los pobres ojos que edifican a bosquejo eterno cada huella de sombra cabizbaja. Que el globo térmico nos envuelva a pensar que nos formamos completamente de hilos y nos enredamos constantemente cuando en realidad. No. No nos enredamos nunca. ¿Y vos usted quién, si no más que yo dando vueltas por estas paredes quietas? Ni por eco prematuro alivianaría el decirme que vos usted puede que sea de esta misma consistencia, de mi misma sustancia que sea parido por el mismo grito y que por misma química perdure, pero a sí mismo vos usted; En cambio a mí que me estremezco por vaya a saber si de replica hablando, con exactitud de aromas entrando por la pupila o vaya-a-saber-qué otro puente a las voces dormidas, esas que susurran una perla a cada mano, un latido por la boca, una coincidencia psíquica para que ames. Que ames esto todo .Y que a mí solo sea por ajeno natural del mundo; Una quinta pared. Qué extraño como le brota a uno que las raíces se vistan todas de la misma nube y ni una sea otra ni otra media o toda oruga. Que el globo asimile al capullo, pero que uno huela a tierra y el otro a vestigio apagado, o las pocas luces en la nariz catastróficamente paralelas al rayo verde bajo la patita; la niebla azul; El humo al abismo del día a día. Y al final de éste se cierra un paragua (millones), y somos todos (no) repentinamente el mismo mármol tomando un café. Naturaleza del mundo que nadie ha notado por tema ajeno que hasta su propio cuero cabelludo está en este momento absorbiendo la gota de la nube misma que ahoga su vereda su pasto la cabeza de su vecino y de su perro en el patio, mientras en algún lado de (quizás) Japón se está rompiendo frágilmente otra seda, mientras una mano se enamora, su prima tiene un hijo, un comerciante es asaltado, alguien tiene hambre frío carece de paragua y grita grita con ganas a esa mismísima nube postrada al altar tan maldita a su memoria, que. B a s t a.
Procedemos a agarrar la taza preferentemente por su manija, y dar un último sorbo como quien tampoco lee un diario a menudo. Mañana será miércoles.
Se aproximan fuertes precipitaciones.

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