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martes, 29 de noviembre de 2011

Manifiesto del haber.

Hay que despojar a los hombres de las armas. Y van a tallarse otra flecha en otro hueso y habremos dicho poco. Hay que despojar a los hombres de las armas y dar la protección de cualquier mal que quiera ser por medio del amor. Hay que acariciar los cerebros y revivir la gracia de estar vivo solo por ver a este niño en esta calle sonreír sin que nadie le haya ofrecido más que una mirada de hacerle sentir que está ahí. Hay que llorar de la mano de un desconocido y caminar en silencio para escucharse respirar mirando bien adentro a quien le pese y guardandosé el andar. Y conmutar con la experiencia crecer en lo todo humilde que se desprenda de la espalda de cuyas vidas nos aparezcan hacernos parte y apropiarnos de la voz. Hay que admitir la sed, entretanto reconocer el hambre y saber buscar el agua y el pan entre las manos de quien lo da todo cuando puede darse a sí. Hay que traer la pureza al cuerpo y más al alma no importa cómo ni de qué: esto es desarmarse ante el cielo verse pequeño entregar el abrazo comprender la apariencia la razón y a su inversa cubrir el desamparo demostrar lo cálido que puede uno cuando el otro no y sostenerse poco a poco en el hombro de cada cual. Hay que entregar el sufrimiento desde el fondo acercarse a la verdad predicar la esperanza en fe de que los hombres tengan más latidos que rencor, dobleguen las fuerzas del espíritu en pos de la caricia mutua que yo te daría vos me darías hay que. Cansar a los hombres de la destrucción y el vacío. Hay que poner a los hombres cara a cara en la desgracia más grande sobre un espejo donde los pueblos se enreden y no lo soporten, ya no lo soportan y hay que. Desatar el amor entre las manos y brindarlo a plena voz, desde el pulmón desde el estómago desde la mirada los pies el silencio y calmar el tormento sobre el pecho abrirse en el llanto necesario cortarle las piernas al odio enterrar el abandono clausurar los territorios de combate dejar de hablar del cielo y del infierno, ocuparse de este tránsito en que todos somos los unos con los otros conspirar por el día que es y el que viene también, cuidar nuestro paso y el del pié ajeno buscar la alegría del saber estar entre nosotros y convertirnos en la tierra cuando se necesita aire o se necesite piel. Hay que decirles a los hombres que lo único posible para que seamos posibles en tanto todo caso y sentido queramos, en toda potencia que reunamos para ir a favor de lo bueno y aliviarnos, es el amor. Y no habrá qué otra cosa que pueda salvarnos.

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