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jueves, 20 de octubre de 2011

Juana nada.

Juana se adentra en las profundidades del océano nocturno y su cerebro se desprende entre las aguas para fecundar la creación. Un óvulo a media sombra la sangre azul entre sus pulmones que respira el agua, respira el agua, y se sumerge entre las palpitaciones de lo eterno que la mecen sin saberse viva sin saber las palabras que pronuncia a cada boca el paso intermitente de la muerte. No lo sabe. No sabe más que el perfil que dan los ojos de las criaturas cuando entregan su corazón entre las manos no sabe más que la caricia suave al horizonte. Juana nada y se adentra en las profundidades de sí misma y llora, llora cinco ríos trece luciérnagas siete días en transición del alma en coma disminuida a la experiencia de verse el cuerpo dado vuelta reflejado como si fuera un espejo verse el cuerpo cuando uno acerca el océano al borde del párpado y ve que se yace allí dentro, bien al fondo/ Donde todos y cada uno de nosotros deberíamos estar. Donde todos y cada uno de nosotros deberíamos entregar el alma uno a uno mano por mano entrelazándonos las uñas la sangre desprendiéndonos del sexo sobre la cabeza de algún Dios común Juana se ve respirando, respirando en el espejo como si sostuviera el cielo con las manos y las criaturas brillan ni bien se reintegra de a retazos un halo de luz por entre sus sombras. Nadie la ve Juana se estremece y tiembla. Un ala de libélula que se quiebra para que su piel sienta el rocío de los gritos más profundos, gritos que se hunden entre las invisibilidades que cuelgan de su nuca, en el silencio de toda cosa alerta ni bien se inicia la noche y Juana invoca el desierto: Vocablos que se revuelan entre cada rincón del aire Juana los observa y los toma uno por uno sin saber la edificación del bosquejo de sus huesos su estructura frágil que se sostiene entre los hilos del agua. No los sabe, no sabe que su garganta pende de un hilo que vibra las multitudes sonoras al compás de su aliento frío, su voz entredormida y entonces amanece. Juana amanece hacia dentro y todos los rayos la socorren primero por el contorno de sus labios y seguidamente le hacen un nido donde mantiene los párpados de pie ante la vida que propaga. Juana nada la nostalgia entera de su cuerpo entumecido cuerpo que no soporta cuerpo puro de las aguas que se enredan y se abrazan buscando la conmoción que les de una persona para constituirse y una luna de doce vértices donde habitar. Las criaturas se poseen entre destellos celestes y luces rojas luciérnagas rojas cuerpos del agua libélulas en la pupila y un espejo que se deshace, y más allá en el infinito un universo de cronologías constante donde yace un óvulo a media sombra y Juana no existe aún no respira, Juana nace. Juana nada.


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