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jueves, 12 de enero de 2012

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Estaba diciendomé entre ojo y labio a su oído o su rostro entero o eso decía sin manos para otra cosa que no fuera el habla. Estaba ahí dieciendole mi todo mí se encontraba observando mi palabra mi gesto y su reflejo brillando en la pupila abierta como una puerta tragando el cuerpo sin mecánica de reconocimiento la sucesión natural de la estación transcurriendo detrás y sobre el momento exacto pleno sexo del verbo en la cúspide más alta del enamoramiento por voz presente sin palparla, el oxígeno ingresando lento y exhalandosé esmeralda en la mañana derramada apenas. Estaba respirandole la frente con un labio descifrando la cuenta precisa la suma de sus partes lo que diera resultado a un lugar del que pudiera ahuerfanarme y anidar la caricia al color espíritu que dióse vuelta sólo para ver si es que podía verme cuando ya no esté: momento puro del exilio del olvido en la reconstrucción del cuerpo ajeno por fracción sonora ausencia obligada y hábito consciente cuando casi no existe y es mentira pero es que no se quiere/nada se quiere perder. Entonces estaba ahí, delimitándonos la forma la arquitectura océano que nos deslizábamos a la manera de las olas en un ir y venir descomunal, como si sus manos me hubieran sido siempre me reproducía el canto admitía la carencia Estaba conjugando las fórmulas desde la sombra más cálida donde el vientre fuera luz antes del parto todo mi reclamo íntimo sobre su pecho deshaciéndose en el pálpito y nada era más inmenso decía que nada enfocaba límites en el espacio de la posesión noctámbula roce de luna en los párpados sumidos en el ojo en el labio en el oído y la piel emplumada suave ahí donde recostar el abandono río abajo enmascarado era tan coherente como darle una vuelta a los planetas y desconfigurar el universo a manera de teñir el aire cada cual y sin saberlo haber estado lamiendo la perla del duelo y el mismo color en suspenso ni un indicio pequeño para bocetar en carne y hueso tallar sobre el aire certeramente la voz. Y entonces me observaba tan de cerca tan de cerca como queriendo ser umbral en lluvia limpia y yo me hablaba en un flujo pseudo consciente de códigos sin razón o con razón o qué se yo y es que nadie quería decirlo, todo era mentira, nadie quería decirlo nadie quería perderlo ni un pedacito de piel entramada coincidiendo en el mismo tiempo y abismo mañana y mundo no quería perderlo nadie quería pero todo era mentira, el olvido ahí delante consumiendo en boca de la llama sabiéndolo a medias el día viniendo acechando los cuerpos en danza; Y entonces cuando dejé de decirme enmudeció el temblor y la pupila pronunciando el jeroglífico del palpo abstracto éramos: crisólito en sangre ahogado

latiendo el infinito entre las manos.

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