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lunes, 24 de mayo de 2010

dijo coercitivo

Casi cuatro. Un frio infernal (solo uno) me deforma el hombro izquierdo hacia arriba. Nunca puedo dormir y entonces viene Peter Berger a relatar media madrugada de hace dos días conmigo misma vuelta zombi casi literalmente peleando contra el insomnio y la teína desde hacía más de nueve horas corridas por una tortuga ingresando a mi pequeño organismo, vital para mi día a día, que por cierto creo ya ni tengo. Bostezo como un caballo. Ahora se ha vuelto mucha la comparación animal asique procedo a leer un pobrísimo mensaje de texto que me da igual, para palabrear sobre lo urbano ya que estamos. Un mar de ropa a la derecha digo por tanto hoy escuché como cinco veces en menos de una hora la palabra bucear, dato redundante pero palabra que no escucho hace más de un año creo (o no sé, no recuerdo bien), pero antes de meter todo el mar en una bolsa de consorcio preferiría bajar veinte veces las escaleras de mi casa, salir corriendo al mar sin frenar hasta estar dentro, repetir esto unas treinta veces más y después trotar hasta la casa de la cultura a hablar porque no es posible cierto dinero para azules y sabe quien cuantos sinónimos mas mi padre diría. El que no es biológico. Se llama memoria selectiva me dijeron. Tampoco era la idea, nos cagaron. Serían como tres pájaros de un tiro por no decir más porque el tres me sienta bien. No, la verdadera razón. No tengo ganas. Bostezo de nuevo. No tengo ganas porque es muy tonto el hecho de interactuar con pedazos de tela y guardarlos para que queden bien, dentro de un cajón. Dentro -de un- cajón. Lo que quiere decir, dejarlas bien para que nadie las veas, y nadie las use. Bostezo. Digamos que si uno dice almuerzo, otro se entusiasma mientras otro otro se calla y se ve que par de humanos carecen de códigos sociales esenciales para evitarme esto que ponele que no me pasa y el celular suena y yo digo que basta. Qué me importa. Andate con tu mamá hablando justo de, todavía me perturba el asco escénico de dicho film en el cual estas mujeres se tiran como si nada. Las tiran. Me parece que dibujé un pez en una pared y lo dejé medio muerto también. Lo que pasa es que todos los colores dan más vida a todas las cosas y yo no sé bien como es esto de las puntas, solo recuerdo a esas que me fracturaban el pie de manera terriblemente angustiante que creía hasta la madera me lloraba que basta. Qué necesidad la de desmayarse por tanta aguja diría ahora. Nunca. Hoy califican como frustración actualmente fuera del alcance de mi más mínimo interés o preocupación alguna. Me pongo mi Montgomery dicho por un algarrobo que por cierto vi ayer porque todavía hace frío. Es esa ventana maldita que como que escupe todo el aire (pero solo el frío) de afuera, del estomago de algún loco o poco me importa de dónde ciertamente no veo que respire. Dije loco porque una vez uno en una esquina en un semáforo en mi brazo en mi oído en mis ojos. Me dio frío, ahora hace frío. Es bordó, me lo regaló mi padre (he dicho) no biológico, el que me dice que el sistema no sirve y que si ocupo una casa está todo bien. Hablando de, no entiendo bien aún esto de estas cosas asi tan asi que uno o dos dedos y un pedazo de Jamaica más una campana una lechuza un mono y el hermano de (tal) Jamaica desparramados a mi vista periférica de (tal) manera que ahora yo. No entiendo nada. Pero tengo sentido de orientación mundanal, por ambos ojos, capitán.
Bastante simple la verdad.

Niaga sesion

Un créptlico de bienaventuranza al fin.
Al omalódimo dijimos reventar psicotersalmente críspitos de neo ámidos entregamalvizados
Por proa en prosa amoríbua diásona de salúhucas.
¿Y quién dijo qué, por sobre las venas acaso?
Casdiantimos a poco pómaros plébitos párbicos
que si no nos renacen aquí mismo lamarabamos entre nosotros el andulacirnos
de lúgubres sombiosinas espartáclicas como queja del roa plea punto cómuljo
a toda pifmáluba benigna,
a toda dicha extralasencia,
caodísina de entersoteries amurandando entre raleosomnes.
Así sómulos y serenos nunervicos esquemantes
tirados desangrados al pasmir del óculo abrisonando esta caltértica,
o esta dedógena faumante amirabónica
que exaspera del acá al por allá,
pasease entre corbituomas nonéulicas amiraldantes etisdalostias
que si no fuera porque se la pasan jujonjoneando entre dormires apasmalúdicos
por lo sinfónico de la hoja muerta, muerta y fléola a la luvimia de súala labia pálida
quiebra el halmálago caidisprendo a puntarandisimas torpezades en las esquinas del nebulójulo,
pero casi a la deriva del día di adimedo por solo acaso en cualquiera sea que acrismatise
por el parhelio postrado, o el aguacero del créptlico;
el nido paralelo
la rama contigua
o el bípedo pleno


(se oxtrebícua)



Pseopléndulo.

shut me up

Si pudiera filtrar esto que nos envuelve por sobre el rose del ojo a la ventana. Cegado estático inerte permanente pronunciado hundiéndose a respiros entrecortados de cierta agua que oigo creo me traduce un ensueño en un susurro y al exhalo vacío retoma peso la sien como dándonos cuenta de ser entre seres que se deslizan por solo la caída permanente; la palma sobre la tierra, y ella que suele acariciarnos tan suavemente sin darnos cuenta, y ah como lloramos sin darnos cuenta, y como ahora cree retorcerse hasta adormecer el alma en un rocío tan tibiamente esparcido por el rostro fresco de la mañana. Lo desliza lo detalla contornea y crea por no más que de la esencia de ese aire entre el dedo y quizás en este momento el labio, porque mira como entre ese aire se duermen los leones y luego brillan las pequeñas praderas al primer rayo del día ahí justo en el dedo que señala a ganas de detener el día entre las huellas digitales, como se escurren las últimas gotas del diluvio por entre la savia de las raíces, el cielo como de tinta se nos derrite tiernamente en la pupila y puede que abrace en esbozo de pleno amor puro algún retazo de piel ajena que encuentre caída por allí dentro. Porque en ese aire también el goce brotando en el pecho se desmenuza al aire, toda ese aire, tan lleno de dulzura que el universo en el fondo de la taza de café, y los techos abismales cayéndose a la madrugada de ese mar bordeando el corazoncito de las piedras que laten un poco los talones, todo ese aire quizá en una balsa quizá reducido a un film transparente, todo ese universo a todo ese aire quizá desprendiéndose a parpado bajo quizá añorando quizá casi contempla (quizá), la ternura lo suave lo dormido sobre todo lo alegre la risa el juego todo este río en la ventana este agua ciertamente no palpable exceptuando que hay algo que (pro ba ble men te) sí. Nunca la palabra, pero en descuido ninguno hasta la bienvenida de dicho brillo espontaneo, entonces ella que suele acariciarnos así, tan así de todas formas (sabe que). Dicho brillo como naciendo a veces en la garganta de un ruiseñor, sea reflejo de toda esta agua río calmo sangre,Ah, si pudiera filtrar toda ella toda la esencia y tragármela para siempre; toco el aire y creo lo acaricio para que se me duerma de nuevo sobre el pecho, Veo. Palpable solo esta ventana que queda justo del otro lado, acá, (sobre el pecho) Veo. Y, ah. Pero como debo de llorarme en este momento, (quizá) así sin darme cuenta (qué). Que puede que muera sin haber despertado jamás.

Te amo te odio

Si no fuera que tan así sin poder dejar de expulsar la lengua por el guiño del ojo. Que el suspiro de la mosca que me bosteza el ombligo. De Párpado derramado a la Pérdida de lo consciente, muévase por las paredes como persecución sombría, como acecho, como por poquísimo respeto al día, a las películas acuáticas rasqueteando la pintura al mismísimo sol pero no el de verdad. Supóngase el carcelario. Y su propia rigidez por entre la rendija del piso que solloza que se aburre que se rechina y se vuelve a morir. Se le resbala una incomodidad turbia por atrás del cerebro a la médula y se esparce con este gusto a la puta que te parió por cualquier alrededor de su cuerpo no-cuerpo visible (o no), emanando como una niebla sucia así bien pútrida de retina a talón, como por si poco no fuera ya que se le vean los gusanos asomando por los huecos del cráneo carcomiendo poco a poco entre par de lluvias personales, lo blando y lo (aún más) pútrido del hueso, el borde mohoso de los dedos, y se recuesta al vacío. No lo diría creo pero se apuesta sin duda alguna (pura, bien pura) que del árbol a la madre se los entierra bajo fusilamiento masivo de cartas palabreadas así como enfermizas, como de un cuerpo desnudo en especie de esquizofrenia (y felicidad, meramente) que grita, que grita, que grita ¿Dije grita?
Y somos uno por uno hierba de jardín, suciedad en la lente, gotitas de café desperdiciadas en el cuello de la camisa arrugada ah ah ah esto todo esto, ¿para qué? ¿ y sobre qué? ¿Y entonces qué? y entonces nos sentamos a sentarnos. A mirar. A pudrirnos. A mirar cómo nos pudrimos y un gusano nos come. A todos. Pero uno por uno, personalmente me rompo en cuestión de total desinterés la cabeza contra la mesa, y reposo mientras una mosca y sus patitas como leves agujas por las venas me caminan la retina y se llenan de la saliva-moco del ojo. Y qué me importa. Se me abre la mandíbula vegetativa y me desbordo chorreante en sobrepaso de cafeína en los pulmones. A todos. Se nos venció medio cerebro y se nos caen (de a uno) los sesos. Repugnante. Repugnamos. Que el olor a casi muerte, que nos pudrimos y que nos miran que la lengua por el ojo y sale una mosca del ombligo, y nos deslizamos turbiamente por la pared rajando la pintura (o más bien la piel) hasta la rendija en el piso, envueltos en esta niebla sucia que persiguen los gusanos como nosotros, cuerpos desnudos, nos arrodillamos al piso pensando que todo el sol se ha caído por esa puta rendija, sí, porque ¡siempre quisimos el talón justo justo en ese sol! ¡Sí! Ah pero cuerpos, error de los cuerpos, que siempre los cuerpos, cuerpos, púdranse al sol, queridos, que nunca fue el de verdad ¡FE LI CI DAD! Que la mesa ha roto (una por una). Sus cabezas malolientes y mohosas. Desagradable. Auténtico Asco. Que el cuerpo se derrama con olor a muerte por el sol entre los huecos de su cráneo.

Libaldías locura interna

Lidia con su propio ser despersonalizado en el aire denso que se encuentra a su izquierda. Ríe, canta, llora, grita, grita. Grita. Grita terriblemente como si muriera de felicidad instantánea, como si veinticinco cuchillos lo apuñalaran al mismo tiempo, o recién naciendo, o congelado, o ardiendo. Grita por dentro y por fuera como si fuera grito de todos los gritos coincidiendo en tiempo y forma y mundo. Más allá de que todos difieran, se atan hasta aturdir hasta el más mínimo eco de cualquier célula desenfrenada remando la sangre. Remando la sangre como pájaro en caída libre. Que muere y se cae, terriblemente, gritando desesperado el ramillo de todas sus voces en prolongado (pero efímero) suspiro de muerte. Rema la sangre, el pájaro, muere al aire denso no más bien su vuelo sino lo revolucionario que cambia constantemente al borde racional de un no-engaño (creo que) jamás premeditado. Todo esto nace por boca del día, lengua del cuerpo, campana en el tímpano, y el resto de todas las cosas en la esquina de la córnea. Considérese la existencia de millones de universos paralelos desenvueltos a los dedos como espejos del propio paso acribillando incesantemente el momento escurrido atrás del cuello. Libaldías locura interna con más de media garganta desgarrada continua gritando terriblemente a cada cambio de nube hasta que anochece, y desanochece también. Dice que tiene un sombrero que es redondo y que sabe bailar. Que hace calor, que hace calor, que el ejercicio del grito es tan necesario como el aire que debería dejar pasar para seguir adelante en la destrucción de sus cuerdas vocales. Siente carcomerse su mente en un fuego ácido que le pide que se revuelque al ritmo de su grito desenfrenado por cada grieta de cada vidrio de cada ventana convertida en pecera gratuita de su conciencia a lo que está (y lo que no también). Lucha por conservarse en pié. Se mira en la pava que humea, similar a su espalda, y encuentra que no ha emitido vibración alguna al oído ajeno. Ahora da vuelta los ojos que se abren para adentro, y lo que ve son vestigios de guerra, grabados en plumas, cuchillos, y pájaros que se desparraman en últimas agonías al borde del pulmón agitado. Libaldías locura interna encuentrase como desastroso deshecho de cierta revolución medianamente cotidiana. No ha emitido sonido alguno salvo por todo su intenso río corporal que fluye a gritos casi silenciosos al desarme logístico del caparazón. (Grita). Y se desmaya siendo persona en tiempo, forma y mundo (otra vez).

Libaldías alegría

Corre por el cemento inanimado como con pies de plastilina. No tiene reloj. Corre tanto que se le descuelga la boca de los pómulos por tal felicidad que lo estremece de pelo a uña, suelta algunas carcajadas dulces, como salidas del jugueteo de un dedo que remolinea el aire posado al estómago. Como mariposas coloridas a cual ala se le venga a la mente revoloteando por los ojos hacia adentro, de esos que se abren y pestañean cosquilleando cada instante que se deslice por el justo río claro. Como un hilo de sol (dulce) acomodándose en la frente hasta llegar al otro lado de la serenidad de sus pies de plastilina casi arcilla al fondo del mismo justo río claro. No necesita reloj. Solo se recuesta hasta volverse verde, muy verde, tan verde que le llegan al tímpano bajos palabreríos de la arboleda por sobre, debajo y dentro de sí. Libaldías alegría como una idea descabellada de libertad en la palma de la garganta. Detrás de las orejas. Plenamente. No hay nieve pero cree volarse cuando late la tierra a sus ojos de canica adorando un objeto de particular tamaño que brilla. Se recuesta hasta ser verde, muy verde, tan verde que su cuerpo se levanta y se le olvida el alma. Libaldías alegría camina dentro del mundo luego de haberla plantado en el ala de una mariposa cuyas raíces ya se abrazan a los hilos solares por sobre, debajo y dentro del río, y la carcajada, el pelo la uña, el dedo al aire, la oreja la tierra la garganta, que el pestañeo que cosquillea que todo se estremece claro y dulce desde la palma calma a los pies de plastilina que se elevan del cemento lo antes posible a una especie de cielo descolgándosele de los pómulos. Libaldías alegría parpadea y se lleva consigo cierto par de colores en una tetera para volver y regarla la semana entrante a primer latido sobre la frente. (Ahora)
Marcha nuevamente con las agujas clavadas en la sien.

Libaldías llanto medio.

Se sienta a la ventanilla como suspiro de rama al cielo violáceo, por todas las hendiduras nubonales. También hay rosas en este cielo. El sol pequeño como un punto de témpera radiante entre otras pinceladas que (si bien así sea) solo parecieran desprenderse poco a poco desde su alma al ocaso en el borde del camino. Libaldías llanto medio como vacío de tan pequeño que hasta el pasto lo insignifica al resto mundano cómodo de su existencia a estas instancias de boca de bostezo que lo tragan por completo justo por debajo del aire. El mundo siempre duerme y los ojos bien saben (hasta qué). Pero vuelve la sangre. No más en tal garganta cuando se revuelve entre dichas venas primaverales que si mal no recuerda, escarcharon desde la rama al pasto el suspiro al pulmón que recibe su partícula de aire mal oxigenada estremecida en el tiempo lineal al paso de su pequeña alma como vacía que se deshace esparcida, en ciertos colores, al centro radiante por sobre el borde del camino que se hace ocaso, lento en la ventanilla, que se hace espeso que se hace lumbre que se hace letra por dedo en el vapor del vidrio . Suspira como árbol para deinsignificarse, acentuando solo el aire de nuevo por sobre sus alrededores corporales que lo suavizan como flujo de colores invisibles (Pero los ojos saben). Observa minuciosamente el trazo del siguiente día por ciertos pálpitos a ciertas horas a ciertas brisas desplegadas como rocíos memoriales cosquilleando el cuero cabelludo justo en el lugar de la nuca. Seca sus lágrimas físicas con la cabeza hacia abajo apoyando la yema de sus dedos por sobre los párpados mojados, aún cargados de ríos ocasionales que (si bien no), fí sica men te rebalsan el resto de su cuerpo aéreo que usted no puede ver. Ah (no todos) pero. Los ojos saben. Bien saben qué.

Marítimo.


ahí


tranquila

perdida

extraña


adiós

domingo, 23 de mayo de 2010

(Rp)

Una se desvanece en la alfombra.



Las otras cinco prostitutas se tirarán al mar
la semana entrante.




Lunes 7 am,



para que salten las ollas de sus estantes.
O no.



(Respectivo,
plenamente.)

sábado, 1 de mayo de 2010

playing with green noise

Deshilachando par de núbiapos sobre tu vientre me hundvanecí en el claroscuábierto enremismado pedaujero de cielo descielanudico que me absorvelaba en la casi noche tenue. Casi porque aún alusomaban caídos como lluvitélamos pequefídelnos rayolitos acuarelados en el río calmo de sol a sol, de rojo a rojo en la garganta del ocapozo. Y yo que te mermudecía como con nebulójulos sobre la trabocalábia cantarandeando un uspiramoreo de un algo trístido que se adormela. Y así te detallé con el digitodermáluno desislazando tu parpabájono como caricia caidisprenda tibisuavando todo el brizareo de tu esenalme. Hasta que perdí la huella de mi trazmáneo cuando di cuenta de que a soplocos pinceladeaba desgaraprobalitojos fragiadélicamente en la superficie lejodistántida de tu mentódico ensamble a la tierra. Y carcomí el hilonímico de tu cielámalo, desde mi vistalidalumbrea interpenterie hasta lo que creía entonces tu cenúcledo respirondeandome como borde marítimo a la palma vénuoda; Crayoneleando el último suelensueño apocopandose en suaóleadas mentaloníricas, yo decía que decía que tu múrvoyo me transforamaba suáluce en el cantarandeo del uspiramoreo, por ahí, en oído de mí, trístida, que me adormelaba en tu vientre, para volverme luego, más ágüida más trístida, viendo claro la escarniela de tu dedhúmedo, que apoya la sómbrida verdorosencia
en mi frente,
o a mi costado
y me sala
me vizna;
Luego,
me bebe.
Salúd.

tómalo con calma.

Hay cosas que respiran pausadamente al borde interno de la piel, como atrapadas entre mi estómago, y el antebrazo, como durmiendo de manera algo mojada y frágil desprendiendo a cada exhalo un indicio de bienestar inconsciente; (Cuando despierte sé del golpeteo exigente que provocaran las acostumbradas ansias de envolverse en lo externo de lo que se posee cálido. Como la rebelión temprana de algún pájaro individualista. Pura especulación ). Mientras, tranquilamente las observo con media esencia perdida ya tanto que me encarno casi al zumbido en los oídos del estar casi perdido del todo, pero no. Dice que ve, peces de un rojo sanguinario donde en cada escama les brilla una luna, y se saltan hasta las garras sobre las ramas, y arañan hasta trepar por las venas de los árboles y nadarles la savia al barro. Las venas de los árboles. Las miro porque somos algo así del tipo seres que al perder la observación, se pierden los más grandes goces de este “a pesar de estar tan tristes” como viaje de ida con un lindo pañuelito que deberíamos correr hasta la sien para que al menos las gotas de limón que escupen las pupilas a diario sin aviso de estar existiendo tengan un poco de sabor en la tierra después de cada pómulo al piso. O no. Miro como duermen porque a cada exhalo, otra escama de luna, otro pez árbol, otra vena de barro, otra savia a lo cálido; Todo esto que trae la noche porque no cae más bien responde, no viene más bien reaparece encarnada al párpado como si ya no durmiera respirando pausadamente al borde de alguna pestaña, o más bien por sobre. Podría perder la vista ahora sin dejar de ser mojada y frágil, la susceptibilidad aniquilaría la idea del casi dormir zumbeando como luna sanguinaria a lo cálido de la esencia que nos envuelve de a ratos, porque de a otros, hasta el frío externo se hace más soportable que la visión interna de todas estas cosas que carcomen suavemente con diente propio y hasta se pasean por sus encías, de la manera más sutilmente nostálgica el desvelo deslizándose como pintura de cielo que se desparrama tal cual agua por los al rededores neuronales.( Todas ellas que). A cada huella como si la especulación de algún pájaro individualista envuelto en golpeteos constantes, queriendo desenvolverse nuevamente de lo temprano de la mañana que suele acostumbrarnos a esto del “a pesar de estar tan tristes”, se desvaneciera como cualquier bienestar del borde interno de la piel que respira cada gota del exhalo. O sean solo puras exigencias de la supuesta rebelión de máscaras quizás. O no. Sin embargo, todas ellas que. Me mecen en el vapor delicadamente, como complemento musicando el espacio -vacío- corpóreo;
Hasta enredarme el sueño
en sus espaldas desnudas y mojadas.

Lunes primera de las ultimas horas.

Hola buen día unicornio
¿yo?
sí, vos unicornio
¿yo?
sí vos,
porque tenes esencia de cascos
de andar por la hierba
con voluntad de mesa.
¿Mesa?
si, tal cual un ente
o todos los entes
¿ Esos que solo son ?
No,
esos que solo existen
Los entes,
como las mesas
o los unicornios
¿Unicornios?
Unicornio
¿Mesa?
Ente, como vos
justo vos,
unicornio.
Se pasean con voluntad de mesa.
Exacto.
¿Y la hierba?
bajo los cascos
¿Y los que son?
Solo se piensan
¿y entonces?
y entonces...
solo se es.
¿Y lo exacto?
No existe.
Como esos que son
como los entes
No,
los entes existen.
¿Y los unicornios?
También.
¿ Y esos que son?
Solo se piensan.
Solo se piensan.
Exacto.
No
eso no existe, replicaste
Ciertamente.
¿ Entonces la hierba ?
Existe
¿ Y los cascos ?
Existen
¿ Y los que son?
Solo son.
¿ Y el ser?
Solo es.
¿ Y entonces yo?
Existes.
¿ Y todo esto?
Esto, podría ser el ser.
O no.
Pero me delimitan los cascos
¿Debería dejar el cuerpo?
solo las manos
¿ Que no soy lo suficientemente frágil?
Tal vez.
Ah,
Me has engañado nuevamente
jamás hubo hilos de oro
enredandose al árbol
para que fecunde raíces
en este lugar.

Pero, unicornio;
Yo no he dicho nunca
que el agua realmente
pudiera beberte en la hierba,
ni tatuar tu nombre
ni minimamente
en la primer insignia
de la razón
del impensable no ser.
¿ No ser ?
Parte de soportar la flecha
de lo ópticamente ilusorio,
como dejar las manos
para dejar el ente.
Como ya no existir.
Como solo pensarse.
Sí,
como aguardar lo sufrido;
en la conmoción del hombre,
o todo aquello sobre la mesa,
siendo plena esencia del unicornio.
Estrictamente
como solo pensarse,
solo simple y no más,
Sé de una vez.







Pero;




No.














creo que se me hace tarde





















Debo morir a tiempo.

cromo

Toco tu sonido por sobre cualquiera de estos ríos primitivos. Una no duerme, una no se siente, una juega las luces, una se recuesta; Todas deambulan por los mismos accidentes geográficos del día insomne en las arrugas de la memoria, por cualquier grieta de estas paredes, o las sucias partículas esparcidas por el piso (o solo el tiempo); Cualquier pequeño espacio para acunarse como en un suave refugio dormido. Toco tu halo con los ojos hundidos en la nuca y se me hace como una llovizna que paraliza el deambule histérico-celular interno. Porque todo este revuelo de peces que se vuelan y se vuelan no se destapan ni cuarto de branquia a la sombra solar, son como manchas a cualquier ajeno ocular (aprecie movimientos eléctricos al desprenderse que a tal fase la alerta desorbita el sentir). Toco tu aroma de almohada cálida y llueve de nuevo, más aún justo en estas arrugas, de esta memoria mojada, que destella con rose de júbilo el haberse suicidado con las agujas del reloj tan incomparablemente precoces. A risa pequeña me sobreactúo modesta; pero no es sino lo realista brillándole a cada gota su panza, que me trae como una hierba cómoda, una mañana entredormida y un par de piedras del azar que mejor que nunca publicitan lo bueno de lo que a eso que a veces llaman “destino” refiere. (Nunca creí qué). Pero no es sino la lluvia liviana, el rocío sobre la frente luego del sol derramándose por un borde del cuello, la presencia y el silencio de su desmayo, la arruga que se convierte en hendidura al pecho insípido por afán de dependencia onírica. Palpito tu dedo Palpo tu día Precipito sin deseo adrede tu diluvio (Porque sé). Toco tu lluvia y me sumerjo, en cada uno de estos ríos primitivos desconectando toda voz. Pero me muerdo una aleta. Y me destiño al vuelo, para germinar tu sombra bajo tierra,

y luego quebrarla como con brisa de pincel a la luz.

acu mula dor

Quién mejor sino para

Escalarse arrastrándose

Hasta el borde del punto

Más infinito del alba

Para ensordecer

Con eco de trueno

Y garganta entregada

(la miel en los surcos

Del pétalo a pétalo

Que desviste a la espina)

Un canto de fosa pálida

Cardumen de espejos

Destellando el sol al río

El viento como navaja al pecho;

La musa que respira dormida

bajo la cobija de la belleza y la inexistencia,

del ulular su forma a pedido del día

Hila al poeta

Para que a fragmento de pluma cálida

Destruya la pasión al universo que lo nace

Para que logre por sobre todas sus letras,

Por sobre todo el resto de las hojas

O los pies muertos;

La suavidad ante sus ojos.

Y como brisa al aura externa

Al rostro pálido ajeno

Que espera del vacío

Un nacimiento de melodía tersa

Crea con su aliento

Emergiendo de esta superficie

Tragando llama a lumbre

Penetrando en la inconsciencia

Del parpado al alma dormida

(Un augurio de voces sobre la palma);

La caricia

De la palabra.